Fascitis Plantar

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Fascitis plantar: causas, síntomas y opciones de tratamiento

La fascitis plantar es una de las causas más frecuentes de dolor en el talón. Suele aparecer al caminar, al levantarse por la mañana o después de pasar mucho tiempo de pie, y puede afectar de forma importante a la actividad diaria si no se trata correctamente. Aunque muchas personas la identifican como “dolor en la planta del pie”, en realidad suele estar relacionada con una sobrecarga de la fascia plantar, una estructura que ayuda a sostener el arco del pie y a absorber parte del impacto al caminar.

Cuando se habla de fascitis plantar tratamiento, es importante entender que no existe una única solución válida para todos los pacientes. En algunos casos, las medidas conservadoras como el hielo, los estiramientos, el calzado adecuado o la reducción temporal de la actividad pueden ser suficientes. En otros, especialmente cuando el dolor se repite o se mantiene durante semanas, conviene realizar una valoración profesional para estudiar la pisada y detectar si hay factores biomecánicos que están manteniendo la lesión.

El objetivo del tratamiento no debe ser solo aliviar el dolor, sino reducir la tensión sobre la fascia plantar, controlar la inflamación y corregir la causa que está provocando la sobrecarga. Por eso, la valoración podológica, el estudio biomecánico de la pisada y, cuando están indicadas, las plantillas personalizadas, pueden tener un papel clave en la recuperación y en la prevención de recaídas.

Qué es la fascitis plantar y por qué aparece el dolor en el talón

La fascia plantar es una banda de tejido resistente que recorre la planta del pie desde el talón hasta la zona de los dedos. Su función principal es ayudar a mantener el arco plantar, aportar estabilidad al pie y participar en la absorción de impactos durante la marcha, la carrera o los cambios de apoyo.

Cuando esta estructura recibe más tensión de la que puede soportar, pueden aparecer pequeñas irritaciones, inflamación o cambios degenerativos en la zona donde la fascia se inserta en el calcáneo, el hueso del talón. Esa sobrecarga repetida es lo que suele provocar el dolor característico de la fascitis plantar.

El síntoma más habitual es un dolor punzante en la parte inferior del talón, especialmente al dar los primeros pasos por la mañana. También puede aparecer después de estar sentado durante un tiempo y volver a caminar. En muchos pacientes, la molestia mejora ligeramente al “calentar” el pie, pero vuelve tras caminar mucho, entrenar o permanecer varias horas de pie.

Qué función tiene la fascia plantar

La fascia plantar actúa como una estructura de soporte. Ayuda a que el pie mantenga su forma, distribuye cargas y participa en el impulso al caminar. Por ese motivo, cualquier alteración en la forma de apoyar el pie puede aumentar la tensión sobre esta zona.

Una pisada con exceso de pronación, un arco plantar demasiado bajo o demasiado alto, un calzado poco estable o una musculatura posterior acortada pueden hacer que la fascia trabaje en exceso. Si esta situación se mantiene en el tiempo, el dolor puede pasar de ser una molestia puntual a convertirse en un problema persistente.

Por qué duele más al levantarse o tras estar en reposo

Una de las señales más típicas de la fascitis plantar es el dolor al levantarse de la cama. Durante la noche, el pie suele permanecer en una posición de reposo en la que la fascia y la musculatura posterior se acortan ligeramente. Al apoyar el pie por primera vez, la fascia se estira de golpe y puede provocar un dolor intenso en el talón.

Lo mismo puede ocurrir después de estar sentado durante un periodo prolongado. El paciente empieza a caminar y nota una molestia aguda en los primeros pasos. Esta característica ayuda a diferenciar la fascitis plantar de otros problemas del pie, aunque el diagnóstico siempre debe confirmarse mediante una valoración clínica.

Causas frecuentes de la fascitis plantar

La fascitis plantar no suele aparecer por una única causa aislada. Lo más habitual es que se produzca por la combinación de varios factores: sobrecarga, calzado inadecuado, mala pisada, aumento brusco de actividad física, falta de movilidad en la musculatura posterior o exceso de tensión en la planta del pie.

Identificar la causa es esencial para elegir el tratamiento adecuado. De poco sirve aliviar el dolor durante unos días si el paciente sigue caminando, entrenando o trabajando con el mismo patrón de apoyo que irrita la fascia plantar.

Sobrecarga, deporte y trabajo muchas horas de pie

Las personas que pasan muchas horas de pie, caminan largas distancias o realizan actividades con impacto repetido tienen más riesgo de desarrollar fascitis plantar. También es frecuente en corredores, deportistas que aumentan demasiado rápido el volumen de entrenamiento o personas que vuelven a hacer ejercicio después de un periodo de inactividad.

El problema no siempre está en la actividad en sí, sino en cómo se tolera esa carga. Si el pie no está preparado, si la musculatura está rígida o si el calzado no acompaña, la fascia plantar puede empezar a recibir más tensión de la recomendable.

Mala pisada, pie plano, pie cavo e hiperpronación

La forma de apoyar el pie influye directamente en la tensión que soporta la fascia plantar. En algunos pacientes, la fascitis plantar está relacionada con una hiperpronación, es decir, una tendencia del pie a hundirse hacia dentro durante la marcha. En otros, puede aparecer por un pie cavo, donde el arco es muy pronunciado y la distribución de cargas no es adecuada.

También puede haber alteraciones en la mecánica de la marcha, diferencias de apoyo entre un pie y otro o compensaciones provocadas por lesiones previas. Por eso, cuando el dolor no mejora o vuelve de forma repetida, puede ser recomendable realizar un estudio biomecánico de la pisada.

Este estudio permite analizar cómo apoya el paciente, cómo camina y qué zonas reciben más presión. A partir de esa información, el podólogo puede valorar si el tratamiento debe incluir ejercicios, cambios de calzado, recomendaciones de actividad o plantillas personalizadas.

Calzado inadecuado y falta de amortiguación

El calzado tiene un papel importante en la fascitis plantar. Los zapatos demasiado planos, desgastados, sin sujeción o con poca amortiguación pueden aumentar la carga sobre el talón y la fascia. Caminar descalzo de forma habitual sobre superficies duras también puede empeorar los síntomas en algunos pacientes.

Un calzado adecuado no tiene por qué ser rígido ni excesivamente blando. Debe ofrecer soporte, amortiguación suficiente y estabilidad. En personas con fascitis plantar, elegir bien el calzado puede marcar la diferencia entre una evolución favorable y una recaída constante.

Acortamiento de gemelos y tensión en la cadena posterior

La tensión en gemelos, sóleo y tendón de Aquiles puede aumentar la tracción sobre el talón y la fascia plantar. Por eso, los estiramientos de la pantorrilla y de la planta del pie son una parte básica del tratamiento conservador.

No se trata solo de “estirar un poco cuando duele”, sino de incluir una rutina pautada y constante. En muchos casos, dedicar unos minutos varias veces al día a estirar la musculatura posterior puede ayudar a reducir la tensión sobre la fascia y mejorar la movilidad del pie.

Síntomas de la fascitis plantar: señales que conviene vigilar

El síntoma principal de la fascitis plantar es el dolor en la parte inferior del talón, aunque también puede extenderse hacia el arco interno del pie. La intensidad varía según cada paciente: en algunos casos es una molestia leve al empezar a caminar; en otros, puede limitar la marcha y dificultar el trabajo o el deporte.

Reconocer los síntomas a tiempo ayuda a evitar que el problema se cronifique. Cuando el dolor se mantiene durante semanas, aparece cada mañana o condiciona la forma de caminar, conviene no esperar demasiado para consultar con un especialista.

Dolor punzante en el talón o en la planta del pie

La molestia suele describirse como un pinchazo o dolor agudo en el talón. Puede aparecer al apoyar el pie, al caminar sobre superficies duras o después de una actividad intensa. En ocasiones, el paciente nota que cambia su forma de pisar para evitar el dolor, lo que puede provocar molestias en otras zonas como rodilla, cadera o espalda.

Este dolor no siempre significa que exista un espolón calcáneo. Aunque algunas personas con fascitis plantar pueden tener espolón, no siempre es la causa del dolor. Por eso es importante valorar el conjunto del pie y no centrar el diagnóstico únicamente en una radiografía.

Molestias en los primeros pasos de la mañana

El dolor matutino es una de las señales más características. El paciente se levanta, apoya el pie y nota una molestia intensa en los primeros pasos. Después, el dolor puede disminuir parcialmente, aunque suele reaparecer tras caminar mucho, correr o permanecer de pie durante varias horas.

Este patrón indica que la fascia plantar está sensible a los cambios de tensión. En estos casos, el tratamiento suele combinar medidas de descarga, estiramientos, revisión del calzado y, si procede, valoración de la pisada.

Cuándo el dolor puede indicar otro problema

No todo dolor en el talón es fascitis plantar. También pueden existir otras causas, como atrapamientos nerviosos, fracturas por estrés, tendinopatías, problemas articulares o inflamaciones de otra naturaleza. Por eso, si el dolor es muy intenso, aparece tras un traumatismo, se acompaña de hinchazón importante, hormigueos, pérdida de sensibilidad o no permite apoyar el pie, conviene consultar de forma prioritaria.

La valoración profesional permite confirmar el diagnóstico y evitar tratamientos inadecuados. Esto es especialmente importante cuando el paciente lleva semanas probando remedios sin una mejora clara.

Fascitis plantar: tratamiento inicial para aliviar el dolor

El tratamiento inicial de la fascitis plantar suele ser conservador. En la mayoría de los casos, el primer objetivo es reducir la irritación de la fascia, controlar la inflamación y disminuir la carga que soporta el talón.

Estas medidas pueden ayudar en fases iniciales, pero no deben sustituir una valoración si el dolor no mejora. La fascitis plantar puede volverse persistente cuando se trata solo el síntoma y no se corrige la causa que provoca la sobrecarga.

Reposo relativo, hielo y control de la inflamación

En fase aguda, se recomienda reducir temporalmente las actividades que aumentan el dolor. Esto no significa inmovilizar completamente el pie, sino evitar impactos, caminatas largas o entrenamientos que irriten la fascia.

La aplicación de frío puede ayudar a controlar la inflamación y aliviar el dolor. Una pauta habitual es aplicar hielo durante unos 10-15 minutos, siempre protegiendo la piel para evitar quemaduras por frío. En algunos casos, el profesional sanitario puede recomendar antiinflamatorios, aunque no deben utilizarse de forma prolongada sin indicación médica.

El objetivo de esta fase es que el paciente pueda caminar con menos dolor mientras se empieza a trabajar sobre la causa del problema.

Por qué conviene evitar caminar descalzo

Caminar descalzo sobre superficies duras puede aumentar la tensión sobre la fascia plantar, especialmente en personas con dolor en el talón. En estos casos, suele ser preferible utilizar calzado cómodo, con buena amortiguación y soporte adecuado.

También conviene revisar si el calzado habitual está desgastado. Un zapato que ha perdido estabilidad o amortiguación puede favorecer una pisada deficiente y aumentar la sobrecarga. En pacientes con fascitis plantar recurrente, el calzado debe formar parte del tratamiento, no ser un detalle secundario.

Estiramientos de gemelos y planta del pie

Los estiramientos son uno de los pilares del tratamiento conservador. Deben enfocarse en la musculatura posterior de la pierna, especialmente gemelos y sóleo, y también en la fascia plantar.

Una rutina sencilla puede incluir estiramientos de pantorrilla apoyando las manos en la pared, estiramientos con una toalla en la planta del pie y movilizaciones suaves antes de levantarse de la cama. La clave está en realizarlos con constancia, sin rebotes y sin provocar dolor intenso.

En muchos casos, dedicar unos minutos varias veces al día a estos ejercicios ayuda a reducir la tensión sobre la fascia. Aun así, si el dolor persiste, conviene valorar si hay una alteración de la pisada o una carga mecánica que impide la recuperación.

Tratamiento podológico de la fascitis plantar

La podología tiene un papel fundamental cuando la fascitis plantar está relacionada con la forma de apoyar el pie, la distribución de cargas o el uso de calzado inadecuado. En estos casos, el tratamiento no debe limitarse a aliviar la inflamación, sino que debe buscar por qué la fascia se está sobrecargando.

Una valoración podológica permite analizar el pie, la marcha, el tipo de apoyo, el calzado y los hábitos del paciente. A partir de ahí, el profesional puede indicar medidas personalizadas para reducir la tensión sobre la fascia y mejorar la función del pie.

Valoración profesional de la pisada

La valoración de la pisada permite detectar si el pie está trabajando de forma eficiente o si existe un exceso de carga en determinadas zonas. En la fascitis plantar, esto es especialmente importante porque el dolor suele aparecer en una estructura que participa directamente en el apoyo y el impulso durante la marcha.

Durante la valoración, el podólogo puede observar la postura del pie, el arco plantar, la movilidad, la estabilidad, el reparto de presiones y la forma de caminar. También puede revisar el calzado y valorar si está favoreciendo la sobrecarga.

Esta información ayuda a decidir si el tratamiento debe centrarse en ejercicios, cambios de calzado, recomendaciones de actividad, plantillas personalizadas o una combinación de varias medidas.

Estudio biomecánico de la pisada: cuándo está indicado

El estudio biomecánico de la pisada está especialmente indicado cuando el dolor se repite, no mejora con medidas básicas o aparece asociado a actividad física, largas jornadas de pie o molestias en otras zonas del cuerpo.

También puede ser útil en personas con pie plano, pie cavo, hiperpronación, asimetrías en el apoyo o antecedentes de lesiones. El objetivo no es solo “ver cómo pisa” el paciente, sino entender qué factores mecánicos pueden estar manteniendo la fascitis plantar.

Este estudio permite diseñar un tratamiento más preciso. En lugar de aplicar soluciones genéricas, el podólogo puede adaptar las recomendaciones a la forma real de caminar y apoyar de cada persona.

Plantillas personalizadas para descargar la fascia plantar

Las plantillas personalizadas pueden ser una herramienta muy útil en el tratamiento de la fascitis plantar cuando existe una alteración de la pisada o una distribución inadecuada de cargas. Su función es ayudar a descargar la fascia, mejorar el apoyo y reducir la tensión sobre el talón.

No todas las personas con fascitis plantar necesitan plantillas. Por eso, lo recomendable es indicarlas tras una valoración podológica y, cuando procede, después de un estudio biomecánico. Las plantillas genéricas pueden aportar alivio temporal en algunos casos, pero no corrigen necesariamente la causa del problema.

Cuando están bien indicadas y adaptadas, las plantillas personalizadas pueden ayudar a mejorar la marcha, reducir el dolor y prevenir recaídas, especialmente en pacientes que pasan muchas horas de pie, practican deporte o tienen una pisada que sobrecarga la fascia plantar.

Fisioterapia y otras opciones de tratamiento

Además de la podología, la fisioterapia puede ser una parte importante del tratamiento de la fascitis plantar. La combinación de terapia manual, ejercicios, fortalecimiento y educación del paciente puede ayudar a reducir el dolor y mejorar la función del pie.

El tratamiento debe adaptarse a la fase en la que se encuentra el paciente. Una fascitis plantar reciente no se maneja igual que una fascitis crónica de varios meses. Por eso, el enfoque multidisciplinar puede ser especialmente útil cuando el dolor no responde a las primeras medidas.

Ejercicios, fortalecimiento y terapia manual

La fisioterapia puede incluir terapia manual sobre la fascia plantar y la musculatura posterior, ejercicios de movilidad, fortalecimiento del pie y trabajo progresivo de carga. El objetivo no es solo relajar la zona dolorida, sino mejorar la capacidad del pie para soportar el esfuerzo diario.

Además de estirar, muchas veces es necesario fortalecer la musculatura intrínseca del pie y trabajar la estabilidad. Un pie más fuerte y funcional puede repartir mejor las cargas y reducir la tensión repetida sobre la fascia.

El fisioterapeuta también puede orientar al paciente sobre cómo retomar la actividad física, qué ejercicios evitar temporalmente y cómo progresar sin provocar recaídas.

Ondas de choque, radiofrecuencia y técnicas avanzadas

Cuando la fascitis plantar no mejora con el tratamiento conservador, pueden valorarse terapias avanzadas como las ondas de choque, la radiofrecuencia u otras técnicas indicadas por profesionales sanitarios. Estas opciones suelen reservarse para casos persistentes, no como primera medida ante un dolor puntual.

Las ondas de choque, por ejemplo, se utilizan en determinados casos para estimular la recuperación de tejidos y reducir el dolor. Sin embargo, su indicación debe individualizarse. Antes de llegar a estas terapias, conviene revisar si el paciente está usando un calzado adecuado, si realiza los ejercicios correctamente y si existe una alteración biomecánica no corregida.

Infiltraciones y cirugía: opciones para casos persistentes

Las infiltraciones pueden considerarse en algunos casos concretos cuando el dolor persiste a pesar del tratamiento conservador. Pueden incluir corticosteroides u otras opciones como plasma rico en plaquetas, según criterio médico. No obstante, no son el primer paso para la mayoría de pacientes y deben indicarse con prudencia.

La cirugía se reserva para casos crónicos severos que no responden a otros tratamientos tras varios meses. Es una opción poco frecuente y siempre debe valorarse después de haber agotado alternativas conservadoras y de haber estudiado correctamente la causa del dolor.

Tabla orientativa: tratamiento según la fase de la fascitis plantar

Fase o situación

Objetivo principal

Medidas recomendadas

Dolor reciente o fase aguda

Reducir irritación e inflamación

Reposo relativo, hielo, evitar impactos, calzado amortiguado

Dolor al levantarse

Disminuir tensión matutina

Estiramientos suaves antes de apoyar, férulas nocturnas si están indicadas

Dolor que se repite

Detectar la causa de la sobrecarga

Valoración podológica y revisión del calzado

Dolor asociado a mala pisada

Mejorar el apoyo y repartir cargas

Estudio biomecánico de la pisada y plantillas personalizadas si proceden

Dolor persistente de meses

Recuperar función y valorar terapias avanzadas

Fisioterapia, ondas de choque u otras técnicas según criterio profesional

Dolor severo que no responde

Valorar opciones médicas específicas

Infiltraciones o cirugía solo en casos seleccionados

Qué errores pueden empeorar una fascitis plantar

La fascitis plantar puede alargarse cuando el paciente continúa haciendo lo mismo que provocó el problema. Muchos casos no empeoran por falta de tratamiento, sino por aplicar medidas incompletas o mantener hábitos que aumentan la tensión sobre la fascia.

Evitar estos errores ayuda a mejorar la evolución y reduce el riesgo de recaídas.

Seguir entrenando con dolor

Uno de los errores más frecuentes es continuar corriendo, saltando o caminando largas distancias pese al dolor. Aunque el síntoma parezca soportable, la fascia puede seguir irritándose si no se reduce la carga.

Lo adecuado es adaptar temporalmente la actividad. El paciente puede necesitar disminuir impacto, cambiar el tipo de ejercicio o introducir una progresión más controlada. Retomar el entrenamiento demasiado pronto puede hacer que la recuperación se prolongue.

Usar calzado plano o desgastado

El calzado plano, sin amortiguación o con poca sujeción puede aumentar el dolor en la fascitis plantar. También ocurre con zapatos muy usados que ya han perdido estabilidad.

Revisar el calzado es una medida sencilla pero importante. En muchos casos, el paciente mejora cuando combina ejercicios, control de carga y un zapato más adecuado. Si además existe una alteración en la pisada, puede ser necesario valorar plantillas personalizadas.

Tratar solo el dolor sin revisar la causa

Aplicar hielo, tomar antiinflamatorios o hacer estiramientos puede aliviar, pero si no se revisa por qué aparece la sobrecarga, la fascitis plantar puede volver. Esto ocurre especialmente cuando hay mala pisada, exceso de pronación, trabajo prolongado de pie o calzado inadecuado.

Por eso, cuando el dolor no mejora o reaparece con frecuencia, lo recomendable es acudir a una valoración de podología. El objetivo es identificar la causa y elegir un tratamiento adaptado al paciente.

Cuándo acudir a un especialista por fascitis plantar

No siempre es necesario acudir al especialista ante la primera molestia leve. Sin embargo, hay situaciones en las que conviene pedir valoración para evitar que el dolor se cronifique.

La consulta profesional es recomendable cuando el dolor dura más de unos días o semanas, cuando limita la actividad diaria, cuando aparece cada mañana, cuando vuelve después de mejorar o cuando impide caminar con normalidad.

Dolor que no mejora tras varios días o semanas

Si el dolor no mejora con reposo relativo, hielo, estiramientos y cambio de calzado, conviene consultar. Mantener el problema durante semanas puede hacer que la fascia se vuelva más sensible y que el tratamiento sea más lento.

Una valoración temprana permite detectar si el paciente necesita modificar la carga, corregir el apoyo, usar plantillas personalizadas o combinar tratamiento podológico con fisioterapia.

Recaídas frecuentes o dolor al caminar

Las recaídas son una señal de que probablemente hay un factor que no se ha corregido. Puede ser la pisada, el calzado, el tipo de actividad, la falta de movilidad o una combinación de varios elementos.

Cuando la fascitis plantar aparece una y otra vez, el estudio biomecánico de la pisada puede aportar información muy útil. Permite analizar cómo se comporta el pie en movimiento y si existe una sobrecarga repetida sobre la fascia.

Por qué una valoración de podología puede evitar que el problema se cronifique

La valoración podológica ayuda a personalizar el tratamiento. En lugar de aplicar recomendaciones generales, permite conocer cómo apoya el paciente, qué estructuras están sobrecargadas y qué medidas tienen más sentido en su caso.

En algunos pacientes bastará con ejercicios, pautas de calzado y control de actividad. En otros, pueden estar indicadas las plantillas personalizadas para descargar la fascia y mejorar la mecánica del pie. Esta personalización es clave para evitar que la fascitis plantar se convierta en un dolor crónico.

Conclusión

La fascitis plantar es un problema frecuente, pero no debe tratarse como una simple molestia pasajera cuando el dolor se mantiene o se repite. El tratamiento debe buscar aliviar los síntomas, reducir la tensión sobre la fascia plantar y corregir los factores que están provocando la sobrecarga.

Las medidas iniciales como el hielo, el reposo relativo, los estiramientos y el calzado adecuado pueden ayudar en fases tempranas. Sin embargo, cuando el dolor persiste, la valoración podológica permite estudiar la pisada, detectar alteraciones biomecánicas y decidir si las plantillas personalizadas pueden ayudar a descargar la fascia.

Ante dolor en el talón que no mejora, molestias al levantarse o recaídas frecuentes, lo recomendable es solicitar una valoración de podología. Un diagnóstico adecuado permite elegir el tratamiento más eficaz y evitar que la fascitis plantar se convierta en un problema crónico.

Preguntas frecuentes sobre fascitis plantar y tratamiento

¿Cuál es el mejor tratamiento para la fascitis plantar?

El mejor tratamiento para la fascitis plantar depende de la causa y de la fase en la que se encuentre el paciente. En fases iniciales, suelen recomendarse reposo relativo, hielo, estiramientos, calzado adecuado y reducción de actividades que aumenten el dolor. Si el problema persiste, conviene realizar una valoración podológica para estudiar la pisada y valorar si son necesarias plantillas personalizadas.

¿Cuánto tarda en curarse la fascitis plantar?

El tiempo de recuperación varía mucho. Algunos casos leves mejoran en pocas semanas con tratamiento conservador, mientras que otros pueden necesitar varios meses si hay sobrecarga mantenida, mala pisada o retraso en el diagnóstico. Cuanto antes se identifique la causa, más fácil suele ser controlar la evolución.

¿Son necesarias las plantillas personalizadas?

No siempre. Las plantillas personalizadas están indicadas cuando existe una alteración de la pisada o una distribución de cargas que sobrecarga la fascia plantar. Por eso deben recomendarse tras una valoración podológica y, si procede, un estudio biomecánico de la pisada.

¿Es bueno caminar con fascitis plantar?

Caminar puede ser adecuado si no aumenta el dolor, pero deben evitarse las caminatas largas, los impactos y las superficies duras en fases dolorosas. También es importante utilizar calzado con buena amortiguación y no caminar descalzo si eso empeora los síntomas.

¿La fascitis plantar y el espolón calcáneo son lo mismo?

No. La fascitis plantar es una irritación o lesión de la fascia plantar, mientras que el espolón calcáneo es una formación ósea en el talón. Algunas personas tienen espolón sin dolor, y otras tienen fascitis plantar sin espolón. Por eso el diagnóstico no debe basarse solo en la presencia de espolón.

¿Cuándo conviene hacer un estudio biomecánico de la pisada?

Conviene valorar un estudio biomecánico de la pisada cuando el dolor se repite, no mejora con medidas iniciales, aparece al hacer deporte, se asocia a largas jornadas de pie o existe sospecha de mala pisada. También puede ser útil antes de indicar plantillas personalizadas.

¿Qué especialista trata la fascitis plantar?

La fascitis plantar puede abordarse desde distintas áreas, especialmente podología, fisioterapia y traumatología. Cuando se sospecha que la pisada, el calzado o el reparto de cargas influyen en el dolor, la valoración podológica es especialmente recomendable.

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